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Corazón de Draenei: Preludio Parte 01

La gran patria de los Draeneis quedo atrás cuando Sargeras el Titan caído encontró el planeta y con promesas de poder puso bajo su control a gran parte de la población. Los exiliados a mando del gran Profeta Velen escaparon del planeta. Buscando un refugio de la caza de Kil’jaeden, se asentaron en planetas perdidos en el cosmos pero la Legión (el ejército demoníaco de Sargeras) siempre los encontraba.
Para proteger a la población se formaron todo tipo de organizaciones militares y religiosas que dieron su aporte al poder militar draenei.
Hacia meses que los draenei se asentaron en Murudar. Un planeta rodeado de selvas y bosques eternos, pero en la semanas recientes unas criaturas con forma de lagarto habían atacado los poblados y cada vez eran mas peligrosos.

Un enorme batallón de draeneis con armaduras gigantescas se acercaron al campamento de refugiados. Su líder iba armado con una espada gigantesca que parecía tener un rostro de alguna extraña criatura en ella, con una armadura de placas y pinchos en sus hombreras, el general Goliath entro a la tienda

-Es peor de lo que pensé  -dijo-
-Son un buen numero y seguro habrán mas en la oscuridad del bosque  -comento el comandante Brend-
-Enviaremos varios batallones al bosque para acorralarlos en su cueva, pero sera necesaria la ayuda de los Auchenai. Sus sacerdotes serán un apoyo importante para nuestros soldados -concluyo Goliath-
-Si  -tomo la palabra el teniente Azuk- pero aunque los Auchenai serán apoyo importante son muy reservados en sus estudios y sus templos. No se que plan tienes en mente.
-Goliath miro al teniente y luego se concentro en el pequeño mapa de la mesa-. Cada soldado tendrá su compañero Auchenai de soporte. Así nos aseguramos de repeler los ataques cuerpo a cuerpo y el sacerdote puede ser efectivo contra los enemigos que se acercan, sabemos que esas criaturas no pelean solas.  -el general entendió que todos habían captado su idea-. Brend avisa a la Vinculadora de almas Hasia que mañana necesitamos todos los sacerdotes posibles y que de ser posible que estén de buena gana  -concluyo con una sonrisa-
Acto seguido los dos draeneis abandonaron el campamento y el general miro hacia la entrada -puedes entrar hijo-. Un draenei se acomodo en la mesa junto al general. Era Ordnael, el único hijo del general Goliath, un draenei entrenando día a día para ser como su padre.

-Lamento haber escuchado, pero  pasaba cerca de la tienda… -Goliath levanto la mano para que se detuviera- No importa. De todos modos ya te ibas a enterar.
-¿Que sucede con los lagartos?  -pregunto Ordnael- ¿Son una amenaza?
-Por el momento no pero el Profeta ordena que se los contenga -dijo Goliath-
-¿En cuanto marcharemos? ¿dirigiere algún batallón? -pregunto ansioso Ordnael-.
-Para esta misión no hijo. Aunque no dudo de tus capacidades la Mano de Argus se encargara pero también participaras en representación mía.
Ordnael parpadeo

-¿No vas a dirigir la fuerza?.
-Aunque me gustaría hay cosas importantes que dirigir. Tanto los rangeri como los Sha’tar están concentrados en otras partes del mundo, aquí contamos con pocos efectivos y muchas de esas criaturas acechándonos. -Ordnael suspiro- por eso los Auchenai nos ayudaran.
Ordnael fruncio el ceño y su rostro tomo un tono de decepcion. Los guerreros eran curtidos en batalla y siempre contaban con otros guerreros de compañeros. Pero tenian varios mitos sobre los sacerdotes y aunque los respetaban por usar el poder de la Luz, preferia un guerrero a su lado.
-Entiendo. Todo sea por proteger a los inocentes. ¿Cuando partiremos?
El general volvió a mirar el mapa de la mesa y su mirada volvió al joven draenei
-Mañana mismo. Cada guerrero tendrá su compañero de apoyo
Ordnael miro a los ojos a su padre y pregunto
-¿Ya tengo compañero?-dijo y unas dudas aparecieron en su mente ¿tendré un poderoso sacerdote Auchenai curtido en batalla? la ideal le gusto y concluyo -Estoy ansioso por saber que fuerte camarada me acompañara-
El general Goliath respondió la pregunta del joven.
-No lo se hijo pero mañana a primera hora presentate aquí. No sabemos con cuantos sacerdotes contaremos y si llegas tarde es probable que termines sin compañero. Lo que determinaría que no podrás participar
Esas palabras le cayeron mal a Ordnael ¿perderse una batalla? ¿el? y ademas ¿por no tener compañero? no necesitaba uno. Se había enfrentado a algunos demonios y otras amenazas antes ¿que serian esos lagartos? pero dejo sus pensamientos y volvió al lugar
-Aquí estaré padre, mucha suerte- y acto seguido hizo una reverencia y se marcho.

El sol cálido de aquel planeta toco la ventana de la choza de Ordnael y lo despertó, aunque este lo ignoro en primera instancia rápidamente se incorporo sobre la cama, como si despertara de la peor pesadilla existente. Miro por la ventana y lanzo un frase casi sin ganas
-No puedes ser…-

Ni siquiera le dio tiempo para ponerse su armadura. Se puso una ropa algo formal y salio corriendo de la choza como si la propia Legión lo siguiera. No paro hasta llegar al campamento donde el día anterior su padre le había indicado que no llegara tarde.
Al traspasar las enormes puertas busco con desesperación a las tropas listas para marchar pero no vio a nadie. Solo a los mercaderes y ciudadanos de aquella alegre ciudad draenei. Busco y busco pero no veía a sus camaradas con espadas y escudos listos para la batalla.
Levanto la mirada hacia la salida de la ciudad y alcanzo a ver a duras penas como unos sacerdotes acompañados de guerreros y paladines la abandonaban -son ellos- pensó y la tristeza lo tomo. Se habían ido.

El draenei volvió al cuartel donde su padre residía, para buscarlo y preguntarle la situación actual. Cuando cruzo la puerta se choco con un draenei portador de un arma que el conocía bien, era la Vengadora de A’dal.

Un arma que fue dada por el propio Naaru a su padre. Ese día Ordnael perdió a su madre a manos de los demonios, cuando el tenia unos años menos.
El draenei se rió y lo ayudo a levantar
-Hijo pensé que llegarías mas temprano, todo el batallón se ha marchado-.
Ordnael lo miro apenado y casi con vergüenza.
-Lo siento padre no se que ha pasado, por favor dime que queda algún sacerdote para acompañarme. Tengo mis armas listas-pero recordó que la desesperación por llegar rápido lo habían echo olvidarse de ellas- bueno… no aquí pero regresare a buscarlas.
El general Goliath miro a su hijo con algo de pena
-Esos eran los sacerdotes aptos para la batalla, dudo que queden otros sino la Vinculadora de almas Hasia los mandaría aquí. Pero -al general se le vino una idea a la mente- porque no vas a consultarle si le queda algúno, ten -Goliath redacto una pequeña nota- dale esta nota. Dile que te manda el general, si te apresuras podrás partir ya mismo y alcázar al ejercito
La esperanza volvió al rostro de Ordnael que tomo la nota, hizo una reverencia y salio a toda prisa al templo de Tenai donde estudiaban los Auchenai.

El enorme templo se alzaba ante el. Tan imponente como la propia ciudad de Rangerai (donde residía el Profeta Velen) para estar asentados hace pocos meses se había creado un templo gigante y lleno de luz. En sus pasillos caminaban cientos de draeneis con túnicas y le sorprendió la poca cantidad de guardias que tenia la ciudad. Los estudiantes iban y venían y en las capillas habían sacerdotes orando.

Al estar acostumbrado a las armas, observo como los draeneis arrodillados meditaban con suma paz y tranquilidad. Como si al entrar en esa meditación olvidaran al mundo, se sumían en sus pensamientos con la Luz. Seguro aquí aprendían a solo comunicarse con la Luz y por ende eran tan reservados con los demás.
Vio una figura de una draenei mujer acercándose a el, contaba con una gran túnica roja y estaba acompañada por dos ancianos. La draenei con mirada fría lo miro
¿Que se te ofrece pequeño? -lo miro de pezuña a cabeza- pareces que no estudias por aquí
Ordnael tartamudeo a la primera palabra
-Soy…soy Ordnael, hijo del general Goliath. Traigo esta nota para usted
La vinculadora de almas Hasia lo miro y recibió la carta
Ordnael siguió
-Las fuerzas de mi padre y los Auchenai han marchado para pelear contra los lagartos-
Hasia no termino de leer la carta, parecía no importarle y le dijo en un tono seco
-¿Y cual es el problema entonces?-
Ordnael se sorprendió por el mal humor de esa draenei y contesto
-Necesito un sacerdote Auchenai que me acompañe así alcanzamos a las tropas. Debo tener  un compañero, de lo contrario no podre asistir a la campaña-
La vinculadora de almas le dio la carta a uno de los ancianos que la acompañaban y sin dudarlo dijo
-Los sacerdotes disponibles ya fueron enviados. No tengo nada para ti-. Y se preparo para seguir con sus actividades
Ordnael vio como la esperanza que tenia al llegar a la ciudad se desvaneció en un momento. No podía creerlo. La draenei ni siquiera lo saludo y siguió su camino. Pero Ordnael apretó el puño y la encaro
-Porfavor Vinculadora de almas esto es urgente, necesito su ayuda. Por favor le ruego que atienda mi pedido. Soy un guerrero y el honor de mi padre esta en juego en la misión- Ordnael lanzo una palabra sincera- Necesito su ayuda
La draenei suspiro y tras mirar a sus consejeros cedió
-Bien…-volvió a suspirar- Creo que puedo ayudarte, los sacerdotes expertos estan aquí por si las moscas pero tengo alguien que puede ayudarte.
Le entrego un pequeño rollo de papel al draenei que había recuperado la esperanza en su rostro
-Ve a la biblioteca y busca a Avuuna. Dile que te mando yo y cuéntale tu petición, si ella acepta podrás ir
¿Ella? se pregunto Ordnael. La esperanza desapareció por un momento
-¿Si ella acepta?- pregunto
-Si, al no tener sacerdotes disponibles puedes ir acompañado de un estudiante. Avuuna es mi aprendiz y seguro hará un buen trabajo, ve. -concluyo-
-Pero…-intento protestar Ordnael-
La vinculadoras de almas Hasia desapareció de la escena dejándolo solo
-Bueno -suspiro- acabemos con esto

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Acerca de Akyla

Un hombre de misterio y poder, cuyo poder es superado sólo por su misterio.

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