Yo tenía seis años cuando salió a la venta el primer juego de la saga The Elder Scrolls llamado The Arena en 1994 gracias a Bethesda. Y fue apenas el año pasado cuando anunciaron en la E3 2018 que sacarían el sexto título de la franquicia.

¿Cuántos títulos, aventuras y magia nos ha ofrecido Bethesda en estos 25 años? Se podría decir que cinco sin contar los DLC, el juego de cartas, para móviles, remasterizaciones, su juego en línea y hasta libros. TES es todo un mundo de mitología, historia y razas; todo un universo que no he descubierto por completo a pesar de que es una de mis sagas favoritas. Es tanto que a pesar de que soy parte de él, existen lugares que no conozco, historias que no he leído y aventuras que aún no he vivido. Pero así como toda la comunidad estuvo de fiesta en marzo por los 25 años, yo también estuve de fiesta a pesar de que no fui parte de ella desde el inicio.

Mi comienzo fue 12 años después

Fue hasta el 2006, 12 años después, que tuve el primer contacto con la saga. Una persona me vendió Oblivion porque sabía que me gustaban ese tipo de historias, porque sabía que lo iba a amar. Cuanta razón tenía.

Oblivion es el cuarto juego de la franquicia ¡el cuarto! ¿Qué tanto crecimiento, mitología, historia y universos me perdí en tantos años? Arena fue el primer juego que ofrecía una libertad nunca antes vista en otro título. Podíamos pasear a nuestro antojo por el mapa y hacer lo que quisiéramos a pesar de la cantidad de bugs y los gráficos mediocres.

Después llegó Daggerfall, juego en el que ya conocemos el nombre del continente ficticio del juego: el bello y gigante Tamriel. Gracias a él también conocimos más sobre la mitología, personajes históricos y seres mágicos que nos acompañarán durante toda la saga.

El tercer título, Morrowind, es el juego que hizo que la saga creciera y que con mucha tristeza, me la perdí. Esta entrega obtuvo una mejor trama, una banda sonora increíble compuesta por el genio y uno de mis maestros de vida: Jeremy Soule. Morrowind es una provincia de Tamriel, un lugar enorme, detallado y con la posibilidad de editar a nuestro personaje, así como la aparición de la cámara en tercera persona para poder observar nuestro alrededor con dulzura y magia.

A pesar de que jugué este título mucho después de su lanzamiento (y ya cuando disfruté de las dos obras de arte posteriores), he logrado ver por qué es una joya y el por qué los fans queremos una remasterización aunque Bethesda nos haya mandado a freír espárragos. Su trama y su deliciosa jugabilidad no tiene descripción alguna. Gracias a él conocemos a TES como lo vemos y conocemos ahora, como una obra de arte.

El juego que marcó mi amor por la saga: Oblivion

Cuando lo tuve en mis manos y disfruté de más de cincuenta horas de juego, me di cuenta de que existía un lugar, fuera de este mundo, en el que pertenecía y se llamaba Tamriel.

No exagero al decir que jugué este cuarto título por más de cincuenta horas, ¿por qué? Porque no realizaba la historia original, sino que resolvía cada mínimo detalle, me quedaba en algún pueblo de Cyrodill para observar el atardecer mientras la música del maestro Soule sonaba de fondo. Descubrí cada mazmorra, entré a todas las puertas de Oblivion que pude; leí cada libro que me encontraba; hablé con todos los habitantes y recorrí a caballo (o hasta en unicornio) los valles, las praderas, bosques y lagos que se cruzaban en mi camino.

No conforme con eso, crecí a mi personaje en la Arena, combatí con seres poderosos, me uní a todos los gremios y realicé todas las tareas que me pidieron. En resumen, me perdí dentro de Cyrodill, la ciudad en la que se desarrolla la historia, por muchos, muchos meses. No lo soltaba, lo amaba de verdad. Me llenaba de tanta magia que no podía dejar de ver el cielo nocturno y escuchar el soundtrack por horas. No miento que me quedaba sentada una o dos horas en alguna banca viendo la vida pasar. No miento que cabalgaba por días sin enfrentarme a ningún mousntro, sin hacer alguna tarea, sólo por el gusto de sentir la paz que ningún otro juego me logró transmitir. No miento que logré vivir dentro de Tamriel por meses y que aún no lo he logrado terminar.

Sé que Skyrim, el quinto juego, fue juego del año en el 2011 y tanta razón tiene, pero Oblivion será mi favorito por siempre debido al amor que me brindó y al escape de la realidad que me regaló por semanas y meses.

Mi amor por los dragones en Skyrim

Skyrim no tiene palabras. No por nada fue coronado juego del año y no por nada ha tenido muchas adaptaciones y remasterizaciones. En toda la saga no existe juego como él. Sus escenarios son místicos, la banda sonora es magistral; Skyrim (la ciudad donde se desarrolla) es un mundo de nieve y paisajes otoñales que quitan el aliento, pero sobre todo, los dragones que existen, que regresan a la vida y que forman parte importante de la historia, son los protagonistas del juego.

Amo los dragones. Son mi criatura mitológica favorita y por lo tanto, cada vez que veo uno volar en la lejanía mi corazón salta de alegría, pero no puedo matarlos. Creo que por eso el juego no logra ser mi favorito. He tenido aventuras increíbles, he viajado por zonas recónditas, me he casado dos veces, he descubierto sus secretos y me he sumergido en un mundo lleno de animales fantásticos, daedras y divinos; pero no puedo matar a los dragones y por eso mismo, me he privado de mucha magia, de muchas aventuras y de muchas tareas por completar.

He leído sus libros, he preparado las recetas de cocina, he coqueteado con todos los hombres guapos del juego y hasta enviudé una vez (bueno, eso fue lo que creí, pero esa será otra historia). De igual manera, me metí a todos los gremios, me volví mujer lobo, completé muchas tareas, pero, lo vuelvo a repetir, no puedo matar a los dragones. Por eso no he podido seguir.

Amo verlos volar en la lejanía, disfruto cuando uno de ellos quema una aldea entera, lloro cuando veo sus esqueletos esparcidos en la hierba; me emociono cuando veo sus alas rugir frente a mí y sacan fuego de sus hocicos con gran potencia y majestuosidad, pero no puedo matarlos. Huyo de ahí y no regreso, me concentro en otra tarea, en otra aldea, en otra aventura. Y es por eso que le he quitado belleza al juego. No le estoy otorgando el valor que se merece. Espero en un futuro lograr avanzar hasta el final.

25 años de un mundo

Y así como la franquicia tiene sus juegos, también tiene sus libros en el que detalla el lore, la historia, la creación de ella y más información sobre los seres mitológicos, históricos y sus tierras.

Existen dos novelas ambientadas en el mundo de Oblivion, varios libros de arte y lore sobre Skyrim, The Elder Scrolls Online y hasta un libro de cocina. Guías, joyería, peluches, funko y hasta viniles con la música. Y aunque yo no poseo tanta mercancía como quisiera porque el dinero no me da para comprar todo lo que existe, es una realidad que la franquicia es amada por muchos y que aún tiene mucho por dar.

El sexto juego ya se ha revelado aunque aún no nos han dado ningún adelanto ni nada parecido. Su juego en línea sigue dando muchas sorpresas y expansiones, al igual que Legends, el juego de cartas.

Por ahora está la BETA cerrada de Blades, el juego para móviles, con la celebración de lo 25 años hasta sacaron una consola Xbox especial para conmemorar la trayectoria y hasta latas de cerveza coleccionables. Incluso Morrowind estuvo gratis en el louncher de Bethesda por el fin de semana de celebración.

En fin, siguen sacando cositas como para gastar todo el dinero (que no tengo) en una de mis sagas favoritas. Lo único que puedo hacer es esperar y seguir apoyando a la saga como pueda, empaparme más de ella y conocer sus juegos nuevos, jugar los que ya tengo y leer sus libros.

Como detalle adicional, en mi viaje por Japón encontré la guía oficial en japones de Oblivion y ¿qué creen que hice? Pues la compré, así de simple.

¿Tú eres fan de The Elder Scrolls? Cuéntame tu historia de estos 25 años.

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